El Internet de las cosas

Posted by | febrero 09, 2015 | Tecnología | No Comments

 internet of thingsDesde su creación, Internet ha evolucionado de manera impresionante. Hasta hace poco era inimaginable pensar en tener Internet en la televisión o en el coche, hechos que, cada vez más, son parte del día a día de todos. En la actualidad se estima que existen 2.000 millones de personas conectadas a la red en todo el mundo y, dada la posibilidad de tener acceso desde distintos dispositivos, empieza a surgir lo que se conoce como el “Internet de las cosas”, término propuesto en el año 1999 por Kevin Ashton. El Internet de las cosas hace referencia al hecho de que todos los objetos que rodean a las personas pueden estar conectados y ser capaces de recoger información, procesarla y compartirla por medio de Internet.

Según investigaciones recientes, se predice que para el 2020 el Internet de las cosas generará 300.000 millones de dólares en ingresos y se contará con hasta 200.000 millones de dispositivos conectados. Para lograrlo, estos dispositivos necesitan sensores, redes, una infraestructura ‘back end’ y análisis de software. Todo esto permite su funcionamiento. Actualmente existen varias empresas grandes interesadas en el Internet de las cosas, entre ellas se encuentran IBM, Intel, Cisco, Google, Microsoft, etc.

Algunos ejemplos sencillos son las zapatillas de correr que almacenan las distancias recorridas en cada sesión de running, los electrodomésticos que se encienden antes de llegar a casa, los cubiertos que indican si se está comiendo a una velocidad correcta o los inodoros que realizan análisis de orina y dan un aviso en caso de que exista alguna anormalidad en los indicadores. También se podría aplicar a neveras que avisen de la falta de ciertos alimentos para poder realizar de manera automática la compra semanal o algún complemento para usar en el cuerpo que dé información de los signos vitales de quien lo porte.

Como era de esperar, el Internet de las cosas empieza a influir notablemente en las empresas, tanto públicas como privadas. Si bien la revolución de Internet acerca el mundo empresarial a nichos de mercado más específicos, el Internet de las cosas permite una mayor individualización de la oferta de productos y servicios. Con estas nuevas posibilidades se tiene una primera consecuencia muy valiosa para las empresas: la capacidad de obtener datos de la sociedad y de los individuos que, de otra forma, no se conseguirían. Una nueva manera de conocer a las personas a las que se dirigen y una forma muy efectiva de personalizar la oferta al máximo. Así, la empresa puede cambiar a medida que se va obteniendo información procedente de los objetos; información que deberá ser filtrada y analizada para poder tener un conocimiento profundo de los clientes que ahora estarán más conectados que nunca.

El modelo de negocio se vuelve más colaborativo y abierto y empieza a tener como prioridad la innovación y la conectividad. Las empresas deberán adaptar sus productos y procesos a este nuevo escenario, donde los objetos revelan datos que, aunque siempre estuvieron ahí, nunca antes se habían medido. Un excelente ejemplo del uso del Internet de las cosas son las sillas inteligentes, que, mediante un sensor bajo el respaldo y el asiento, detectan la postura del usuario y envían los datos para generar patrones que permitan a la persona saber si tiene una postura correcta. Esta información será de utilidad para la empresa fabricante de sillas, que conocerá con mayor detalle el uso de sus productos para mejorarlos; y para el usuario, que podrá tener una conciencia mayor de su postura y la importancia de cuidarla en cada momento. En este caso, como en muchos otros, gracias a Internet se pueden crear nuevas propuestas de valor enriquecidas para los clientes (por ejemplo, pasar de tener una silla normal a un dispositivo que previene problemas lumbares). Surgen así productos híbridos, al dotar de Internet a objetos tradicionales. Surgen también nuevos flujos económicos, con propuestas diferentes: podría darse el caso de ofrecer monitorización de salud como un servicio de suscripción y cuyo regalo de bienvenida sea la silla inteligente.

Uno de los sectores donde más se puede desarrollar el Internet de las cosas es en la optimización de consumo de recursos; por ejemplo, en la gestión del agua, el diseño de edificios o el reciclaje. También se aplica para casos de consumo colaborativo, como en las iniciativas de transporte inteligente que ya se están poniendo en marcha en algunos países.

Los nuevos objetos con Internet tienen la capacidad de cambiar la manera de vivir de todas las personas, a nivel individual y también social. En el caso de las ciudades, se pueden usar sensores para conocer el nivel de polución y ayudar a concienciar a las personas, etc. Existen muchos casos en el mundo, donde se empiezan a poner en marcha iniciativas de ‘smart cities’ con el fin de crear ciudades más conscientes de sí mismas; en España se tiene el caso de Smart Santander.

Sin duda, el Internet de las cosas presenta un nuevo campo de acción para las empresas.

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